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¿Y si el dolor de espalda no se debiera solo a malas posturas?

El dolor de espalda es una de las principales causas de consulta en fisioterapia. Se presenta en personas de todas las edades y estilos de vida, desde quienes trabajan en oficina hasta quienes realizan trabajos físicos exigentes. Sin embargo, hay un grupo de pacientes que desafía nuestros enfoques convencionales: aquellos cuyo dolor persiste a pesar de haber corregido la postura, fortalecido la musculatura y mejorado la ergonomía. ¿Qué está ocurriendo en estos casos?

Este tipo de situaciones plantea una pregunta clínica fundamental: ¿y si el dolor no tuviera solo una causa física? ¿Y si, además de músculos tensos y desequilibrios mecánicos, estuviéramos frente a una expresión corporal de un conflicto más profundo, emocional o incluso energético?

Cuando el cuerpo sostiene más de lo que puede

Desde una visión integradora del ser humano, el cuerpo no solo realiza funciones biomecánicas. También es un canal a través del cual se expresan nuestras emociones, vivencias y conflictos no resueltos. En este sentido, el dolor lumbar, el más habitual dentro de los dolores de espalda, puede simbolizar una sensación de carga, de responsabilidad excesiva o de falta de apoyo, algo que muchas veces escuchamos de los propios pacientes al compartir sus historias.

La medicina china ya lo contempla desde hace siglos: cada zona del cuerpo y cada órgano tiene una correlación emocional y energética. Por ejemplo, los riñones, relacionados con la región lumbar, están asociados al miedo y a la vitalidad. Si una persona vive en un estado prolongado de estrés, con preocupaciones económicas o miedo al futuro, no es extraño que acabe desarrollando tensiones recurrentes en esa zona.

Desde la Fisioterapia Energética Integrativa, se propone mirar estas relaciones como parte de un modelo clínico más amplio. El síntoma físico sigue siendo importante, pero se interpreta también como una señal de un posible desequilibrio en otros planos del ser.

¿Qué limitaciones tiene un enfoque exclusivamente físico?

Cuando el abordaje se limita al tejido, a la postura o a la fuerza muscular, corremos el riesgo de quedarnos cortos. Hay pacientes que mejoran durante algunas sesiones, pero luego recaen. Otros no presentan hallazgos estructurales significativos, pero su dolor es real y limitante. En estas situaciones, conviene detenerse y revisar qué otras dimensiones pueden estar implicadas.

Por ejemplo, una paciente con dolor interescapular que ha realizado fisioterapia convencional, pilates terapéutico y tratamientos manuales sin éxito, comienza a mejorar tras una sesión en la que simplemente pudo expresar su angustia por una situación familiar no resuelta. La liberación emocional generó un desbloqueo corporal que ningún masaje había logrado.

Estos casos no son anecdóticos. En la práctica clínica, si se afina la escucha y la observación, se detectan con frecuencia. Pero para verlos, hace falta cambiar la pregunta: no solo “¿qué músculo está tenso?”, sino también “¿qué está sosteniendo esta persona que su cuerpo no puede procesar de otra manera?”.

¿Cómo empezar a integrar lo emocional y energético?

No se trata de dejar de lado lo físico, sino de sumar nuevas herramientas a la mirada fisioterapéutica. Desde la Fisioterapia Energética Integrativa, se propone una evaluación que contemple no solo lo estructural, sino también el estado emocional, el momento vital y el campo energético del paciente.

Algunos elementos que pueden marcar la diferencia son:

  • Escuchar atentamente el relato del paciente, sin interrumpirlo ni anticiparse.

     

  • Observar si hay incoherencias entre lo que dice y cómo lo dice (postura, tono de voz, mirada).

     

  • Registrar si el dolor aparece o se intensifica ante ciertos temas o recuerdos.

     

  • Explorar la historia de vida y los eventos significativos recientes.

     

  • Valorar la energía general del paciente: ¿se siente vital o agotado?, ¿cómo duerme?, ¿cómo respira?

     

Estas claves, que en principio pueden parecer sutiles o incluso ajenas al trabajo fisioterapéutico tradicional, abren un campo inmenso de comprensión y de posibilidades terapéuticas. Nos permiten ver más allá del músculo contracturado para encontrarnos con la persona en su totalidad.

El cuerpo como mapa y como mensajero

Una de las ideas centrales de esta mirada es que el cuerpo no se equivoca. Cuando duele, cuando se bloquea o se inflama, está intentando decir algo. Si en lugar de silenciar ese mensaje con técnicas repetitivas, aprendemos a escucharlo e interpretarlo, el tratamiento cambia profundamente.

El rol del fisioterapeuta, en este marco, se transforma: deja de ser solo un reparador de tejidos para convertirse en un acompañante del proceso de autoconocimiento del paciente. Un facilitador que, desde la fisioterapia, ayuda a reconectar cuerpo, emoción y energía.

Esta transformación no requiere dejar atrás lo aprendido, sino expandirlo. Técnicas manuales, ejercicios terapéuticos y educación al paciente siguen siendo fundamentales, pero ahora se integran en un marco más amplio que respeta la complejidad del ser humano.

¿Qué cambia en la práctica diaria?

En términos concretos, lo que cambia es la actitud y la intención. Una sesión puede comenzar con una evaluación postural y derivar en una conversación terapéutica. Una técnica manual puede enfocarse no solo en relajar un músculo, sino en liberar una emoción retenida. Un ejercicio respiratorio puede utilizarse no solo para mejorar la ventilación, sino para equilibrar el sistema nervioso.

Estos enfoques no son teóricos ni esotéricos. Son clínicos, observables y aplicables en el día a día. Solo requieren de un pequeño cambio de mirada y de formación específica para sostenerlos con criterio profesional.

Muchos de estos abordajes se profundizan en el programa de Fisioterapia Energética Integrativa, donde se aprende a mirar más allá del síntoma físico y entender al paciente en su totalidad:
https://fisioterapiaenergeticaintegrativa.com/formacion-en-fisioterapia-energetica-integrativa-para-profesionales

Julio 23, 2025

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